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Lanjaron

La tambien llamada ciudad balneario

La también llamada ‘ciudad-balneario’, a la que Pedro Antonio de Alarcón comparó con “un sueño de poetas”, sorprende por la belleza de su estampa blanca recostada sobre la falda del Cerro del Caballo, en la ladera sur de Sierra Nevada, en medio de un auténtico espectáculo paisajístico que hizo exclamar en su día al escritor: “¡Alto y parada! ¡Soltemos ya la pluma y tomemos los pinceles!”, frase que adorna el pilar levantado sobre la fuente de las Adelfas para conmemorar la visita de este autor granadino a la comarca.

Cerca de allí se encuentra el Mirador de la Cañona, así llamado por conservarse en él varias piezas de artillería empleadas durante la Guerra de la Independencia contra las tropas francesas. Constituye este lugar un punto privilegiado para disfrutar de la belleza del pueblo y admirar su castillo medieval, cuyas ruinas presiden el ancho y abrupto valle del río Lanjarón.

La localidad cuenta con atractivos más que suficientes como para hacer recomendable su visita en cualquier época del año: buenos hoteles y restaurantes, un típico Barrio Hondillo de arquitectura tradicional alpujarreña, hermosos jardines y frondosos paseos arbolados, una larga calle principal de tenderetes con típicos objetos artesanales de cerámica, caña y mimbre. Y sobre todo, Lanjarón cuenta con el balneario más frecuentado de Andalucía, donde dolencias como el reumatismo, la artrosis y las afecciones del hígado y riñón encuentran uno de sus mejores tratamientos naturales.

La Organización Mundial de la Salud ha reconocido a Lanjarón como uno de los lugares de más longevidad del planeta. Es precisamente la calidad de sus aguas –unida al clima, el aire puro de montaña y la dieta mediterránea– lo que permite a muchos de sus vecinos vivir más de cien años. Espectaculares son sus fiestas de San Juan, también conocidas como ‘Del agua y del jamón’, que comienzan con ‘La Pública’ en la que todo el pueblo se disfraza y concluye con una batalla de agua.

Atendiendo a su denominación, Lanjarón probablemente tenga su origen antes de la época romana. Su nombre procede de la voz prerromana lanchar, que significa “lugar abundante en aguas”. Durante la dominación árabe adquirió singular importancia debido a su situación estratégica como puerta natural de la Alpujarra. Está comprobado el importante papel que jugó durante la dinastía de los Alhamares, en la primera mitad del siglo XIII. Fernando el Católico la tomó en 1490 y sus habitantes moriscos se volvieron a rebelar en 1500, revuelta que fue controlada por los cristianos después de una épica defensa, hasta el punto de que el capitán que defendía la plaza prefirió arrojarse desde una torre antes de rendirse. Participó de forma activa contra las tropas napoleónicas en la Guerra de la Independencia, recibiendo desde entonces sus habitantes el calificativo de ‘cañoneros’.

Destacan, cómo no, sus aguas, que se embotellan y comercializan en toda España. También tienen fama algunos productos derivados del cerdo como son el jamón y la cecina. Además, la cocina lanjaronensa abarca una amplia gama de guisos como la sopa de almendras, potaje de castañas y de hinojos, costillas con calabazas y setas, gallina en salsa o arroz con conejo.